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El diálogo interreligioso, alternativa a los fundamentalismos di J.Tamayo

Juan José Tamayo

(Relazione tenuta l’11/11 a Madrid al 31° congresso teologico “Los Fundamentalismos” della Asociación de Teólogos y Teólogas Juan XXIII)

 El objetivo de esta conferencia es analizar el cambio de paradigma producido en el mundo de las  religiones y en la relación de éstas con la sociedad: el paso del anatema al diálogo, de la persecución al encuentro, de las guerras de religiones al trabajo por la paz y la justicia. Yo mismo he experimentado ese cambio en mi persona: de niño “perseguidor de los protestantes” a “teólogo del diálogo interreligioso”. Comienzo con una anécdota personal.

Domingo de primavera de 1956. Estamos en pleno nacional-catolicismo. Tres años antes se había firmado el Concordato del Estado Español con la Santa Sede, que declaraba la Religión Católica, Apostólica, Romana “la única de la Nación española”, que gozará de los derechos y de las prerrogativas que le corresponden en conformidad con la Ley Divina y el derecho Canónico”. Tendría yo 7 u 8 años cuando cometí mi primer pecado de intolerancia religiosa.

Tocaban las campanas que anunciaba la misa de 11 en mi pueblo. Llega a mi casa una prima mayor que yo y le dice a mi madre que dos forasteros estaban alterando el orden público. “¿Qué hacen?”, le preguntó mi madre. “Deben ser protestantes, porque están repartiendo Biblias por la casas”, respondió mi prima. En aquella época no se podía leer la Biblia sin el permiso del sacerdote. Mi madre me dijo que fuera a denunciarlos al alcalde. Y así lo hice. Fui a casa del alcalde, que era también feje local del Movimento, y le expliqué lo que estaba pasando. “Efectivamente –dijo el alcalde-. Repartir Biblias por las casas es alterar el orden público de este pequeño pueblo de Castilla La Vieja. Vete a buscar al alguacil para que los detenga”. Y así fue. Los dos protestantes pasaron la noche en el calabozo que estaba en el sótano del Ayuntamiento. Cuantas veces habré perdido perdón ese acto de intolerancia que condujo a dos buenas personas a dormir en el calabozo de mi pueblo por mi culpa. 

1.                  Entre la crisis y la pervivencia de las religiones, entre la privacidad y su presencia en la esfera pública

Hoy, más de cincuenta años después, aquel niño “perseguidor de los protestantes se ha convertido en “teólogo del diálogo interreligioso”. Cambio que se ha producido en muchos de nosotros y nosotras. ¿Qué ha sucedido mientras tanto? ¿Qué está sucediendo hoy?  ¿Qué sucederá en el futuro?

La religión, las religiones están viviendo una de las crisis más profundas de su historia. Asistimos a un profundo desafecto hacia las religiones y a un espectacular avance de la increencia en sus diversas manifestaciones: indiferencia religiosa, ateísmo, agnosticismo, sobre todo en las sociedades occidentales. La apologética ha dado paso a la crítica de la religión, que se dirige de manera especial hoy contra los monoteísmos, que provocan miedo y a los que se vincula, y muchas veces con razón, con la violencia y la intolerancia, como demuestran las encuestas. Y no es para menos a la vista de los comportamientos fanáticos, irracionales y beligerantes de personas y organizaciones pertenecientes a las religiones monoteístas.

A esto cabe sumar el fenómeno de los nuevos ateísmos, que atacan a los teísmos en nombre de la ciencia y declaran la incompatibilidad  manifiesta e irreductible entre ésta y los sistemas de creencias religiosas. El sociólogo de la religión francés Frédéric Lenoir afirma que “la verdadera mutación a escala de la historia a largo plazo es el declive profundo de la religión y de la creencia milenaria en Dios, en todos los estratos de la población”[1]. Es un fenómeno que no podemos desconocer en nuestros análisis sobre la religión.

Pero junto a este fenómeno ha otro no menos significativo: la pervivencia de las religiones, su renacimiento y su creciente relevancia en la esfera pública. Y eso contra los pronósticos de los sociólogos de la religión de mediados del siglo pasado, que anunciaron que el final de siglo coincidiría con el final de la religión, que esta iría muriendo poco a poco y que lo que quedara de ella quedaría recluido en el espacio privado. Las religiones, sin embargo, se resisten a morir y el mundo de las creencias parece gozar de buena salud. Más de 5.000 millones de personas están vinculadas a algún sistema de creencias, bien a nivel individual y sin mediación institucional alguna, bien a través de la pertenencia a instituciones religiosas. Sucede, además, que las religiones se resisten a verse recluidas en el espacio privado, se niegan a encerrarse en los lugares de culto, defienden con uñas y dientes para no permanecer ocultas y escondidas en la conciencia y están adquiriendo una relevancia especial en la esfera pública.

El lugar de las religiones en el espacio público se ha convertido en los últimos años en objeto de debate entre los intelectuales de diferentes tendencias, entre filósofos, teólogos y científicos de la religión. El más reciente es el diálogo mantenido en el aula magna de la Cooper Union de Nueva York el 22 de octubre de 2009 entre Jürgen Habermas, Charles Taylor, Judith Butler y Cornel West, bajo el patrocinio de la del Instituto del conocimiento Público de la Universidad de Nueva Yorh[2]. Se está produciendo, a su vez, un despertar de las religiones a través de diferentes manifestaciones, con frecuencia patológicas.

2.                  Pluriverso religioso

Una de las características de dicha pervivencia y del actual despertar es el pluralismo religioso o, si se prefiere, el pluriverso religioso. La historia de las religiones da cuenta amplia y fundadamente de dicho pluriverso.  

– Hay una pluralidad de manifestaciones de lo sagrado, lo divino, el misterio y de sistemas de creencias: monoteístas y politeístas; religiones cósmicas y metacósmicas; patriarcales y matriarcales; místicas y sapienciales, teístas y ateas; monistas y dualistas, etc. A estas manifestaciones cabe añadir hoy los nuevos movimientos religiosos y de espiritualidad, que no se atienen a la estructura de las religiones tradicionales.

. Hay, asimismo, pluralidad de fundadores, líderes y personalidades religiosas, que reformulan los sistemas de creencias anteriores e intentan responder a los nuevos desafíos: Zoroastro, en la religión persa; Abraham, Moisés y los profetas de Israel en el judaísmo; Jesús de Nazaret, en el cristianismo; Buddha, en el budismo; Muhammad, en el islam; Baha’ullah en la Fe Bahai’i.

. Hay, igualmente, una gran diversidad ritual: ritos de paso, esponsales, funerarios, etc., y simbólica: agua, fuego, luz, tierra, cruz.

. Existe una gran diversidad de representaciones de lo divino, de lo sagrado, de la trascendencia..

. Plurales son las preguntas sobre el origen y destino del ser humano y del universo, sobre el sentido y sinsentido de la vida y de la muerte., como plurales las respuestas al problema de la muerte: transmigración de las almas, reencarnación, nirvana, inmortalidad del alma, resurrección de los muertos, etc.

3.                  De sociedades monorreligiosas a sociedades multirreligiosas

La diversidad religiosa hoy no se da sólo en los diferentes territorios o ámbitos geoculturales, sino en el mismo territorio. Es uno de los hechos mayores de nuestro tiempo: el paso de sociedades monorreligiosas a multirreligiosas. Es una transformación que se ha producido con gran celeridad en los últimos decenios, sobre todo por mor del turismo y de la inmigración, por razones laborales y por los intercambios estudiantiles.    

Un ejemplo es nuestro país, que se caracteriza por ser un gran mosaico de culturas, religiones y movimientos espirituales. Para orientarnos en este mosaico, podemos elaborar una tipología con cinco tipos de sistemas de creencias religiosas en función de la historia, del arraigo en la sociedad, del número de miembros, de la influencia social y cultural, de su significación y relevancia en el entramado de las religiones:  a)  la Iglesia católica, religión mayoritaria protegida y privilegiada por el Estado con múltiples beneficios: educativos, económicos, fiscales, culturales, simbólicos, militares, sanitarios, sociales, etc.; tiene acuerdos de rango internacional con el Estado; b) Comunidades evangélicas, musulmanas y judías, consideradas de notorio arraigo; desde 1992 tienen acuerdos con el Estado a nivel nacional y cuentan con el apoyo estatal a través de la Fundación Pluralismo y Convivencia para actividades culturales; c) Iglesia Ortodoxa (rusa, rumana, griega), que forma parte de la Federación de Entidades Religiosas Evangélicas de España (FEREDE), Testigos de Jehová y Mormones, las dos ´ltimas de notorio arraigo tienen menor peso institucional y menor incidencia en la sociedad, aunque están viviendo un importante crecimiento; d) Buhddismo y religiones de origen védico: sikhismo, hinduismo, Hare Khrisna, Brahma Kumaris. En relación con el buddhismo hay que tener en cuenta no sólo a los miembros, sino también a los simpatizantes, a los que asisten a los centris budistas para practicar la meditación, etc.; Fe Baha’i, cuya principal aportación es el trabajo por el diálogo interreligioso; e) Iglesia de la Unificación (hoy. Federación de Familias por la Paz y la Unificación Universal); Iglesia de la Cienciología; desde hace varias décadas existe un debate sobre su carácter religioso[3].   

4.                  Riqueza y problemas de la diversidad religiosa 

Hay más riqueza en la diversidad, la polifonía, la policromía y la diferencia que en la uniformidad. Esto es aplicable al pluralismo religioso, que se caracteriza por su riqueza simbólica, doctrinal, ética, artística, organizativa, de tradiciones y estilos de vida, y posibilita el conocimiento de otras tradiciones religiosas y culturales, la comunicación de experiencias, la evolución del propio sistema de creencias, la apertura a otros saberes, el descubrimiento de nuevos valores, la dinamización de la vida y el diálogo. La diversidad religiosa es, por tanto, un valor a cultivar, no a reprimir.

Pero no podemos caer en angelismos y actitudes ingenuas. El pluralismo religioso puede crear problemas y generar conflictos, ya que las religiones no son aerolitos caídos del cielo, ni se mueven en el mundo celeste, ni se ocupen sólo de lo divino. Son creaciones humanas y construcciones sociales que, aun respetando su supuesto origen divino, la sacralidad de su textos, la peculiaridad de sus ritos, de su doctrina y de  su moral, responden a unos intereses, a veces muy mundanos, de poder, de control social, ajenos a los fines que aparecen en sus declaraciones de principios y en sus credos.

. Problemas causados a veces por la religión y la cultura dominantes, que tienden a excluir al diferente por su orientación social, etnia, cultura, religión, procedencia geográfica, color de la piel

. Tendencia de las religiones a la endogamia, a mantener relaciones sólo con los correligionarios y aislarse de la sociedad

. Tendencia a establecer jerarquías entre los ciudadanos en función de las creencias: ciudadanos de primera, segunda, tercera categoría y no ciudadanos.

. Identificación de una nación y de una civilización con una religión: v. c., la civilización occidental con la religión cristiana, hasta el punto de ser ambas expresiones intercambiables; España, con la religión católica –a pesar de ser un Estado no confesional-, hasta el punto de considerar a las demás religiones no españolas y a sus seguidores no ciudadanos.

. Fomento de los estereotipos y prejuicios que desembocan en caricaturas ofensivas, descalificaciones e insultos. Por ejemplo: considerar a los musulmanes violentos, machistas y fundamentalistas; a los judíos, malvados; a los buddhistas, apáticos, pasivos, dedicados solo a la contemplación  e insensibles a los problemas; a los hinduistas, tipos raros y excéntricos, y así sucesivamente.

Estas actitudes desembocan en xenofobia, racismo, exclusión social en las personas pertenecientes a las culturas y religiones más arraigadas, en la propia ciudadanía e incluso en las leyes.   

Tres son las formas de gestión y de canalización del pluralismo religioso en un mismo territorio, en una misma sociedad, en una misma población: la imposición de una única religión, que desemboca en fundamentalismo; la coexistencia sin convivencia, ni colaboración, que deriva en ghettos y, a la postre, en exclusión; el diálogo interreligioso, que da lugar a sociedades respetuosas de la diferencia religiosas.

5.                  Identificación sociedad y religión, Estado y religión

Este paradigma se caracteriza por la identificación entre comunidad religiosa y comunidad política y por la alianza entre el poder político y el religioso en un juego de doble legitimación: la religión está al servicio del poder y es manipulada por él, al tiempo que lo legitima en compensación por los pingües privilegios que recibe del Estado. Veamos algunos ejemplos: el nacional-catolicismo español y el islamismo.

         La Iglesiase convierte así en religión del Estado y España en Estado dela Iglesia. Lafigura del jefe del Estado es sacralizada. El catolicismo se convierte en elemento fundamental de la identidad española. Calvo Serer llegará a decir: “Quien dice ser español y no es católico, no sabe lo que dice”. Se produce un juego de mutuos privilegios y legitimaciones: dela Iglesiacatólica al Estado y de éste a aquélla.La Iglesiarecibe privilegios casi ilimitados en todos los terrenos: económico, educativo, político, fiscal, jurídico, militar, etc. El Estado se blinda a toda crítica por parte de la religión, y el jefe del Estado interviene directamente en los asuntos más importantes dela Iglesiacatólica, como el nombramiento de obispos, y preside las celebraciones religiosas patrias. Todavía hoy queda un resto de injerencia de la autoridad política en asuntos religioso: la intervención del Jefe del Estado en el nombramiento del Vicario General Castrense.

           Otro ejemplo de identificación entre religión y política son los Estados de algunos países musulmanes, que tienen como fuente de legitimidad política, jurídica y moral el Corán, que es la palabra de Dios para los seguidores del islam, la Sunna, que recoge los dichos y hechos del Profeta, y la Shari’a, que regula la vida religiosa, social y política de todos los ciudadanos, sean musulmanes, creyentes de otras religiones o no creyentes. La comunidad religiosa (Umma) se identifica con la comunidad política. La moral religiosa se confunde con la ética cívica. No existe separación entre derecho civil y penal y derecho religioso. Lo que el islam considera pecado, la legislación lo convierte en delito. Las penas religiosas impuestas por el delito se convierten en sanciones en el orden jurídico. El derecho familiar se inspira en la Shari’a. El liderazgo político y religioso recaen en la misma persona,  por ejemplo, el rey de Arabia Saudí es jefe de Estado y Guardián de las Sagradas Mezquitas de Meca y Medina; el rey de Marruecos es líder político y jefe de los creyentes.

        Veamos un último ejemplo. La estrategia de la jerarquía enla Iglesiacatólica ante la secularización y el pluralismo, ético, religioso y cultural en las sociedades democráticas tiene ciertas similitudes con el nacional-catolicismo y con el islamismo, si bien no logran su objetivo por el fuerte arraigo de la separación entre religión y política, herencia de la modernidad y resultado de la secularización, en los países democráticos..

          Se busca también la sacralización y fundamentación heterónoma de la ética al considerar débil la fundamentación laica de la ética y como respuesta al relativismo moral. De “dictadura del relativismo” calificó el actual pluralismo ético y cultural Benedicto XVI en el discurso de apertura del cónclave en el que fue elegido papa el 19 de abril de 2005. Cinco años después volvió  a referirse a la “dictadura del relativismo” el cardenal Cañizares en el curso de verano dela Universidad ReyJuan Carlos el 28 de julio de 2010. Es precisamente en “la dictadura del relativismo” donde se encuentra, a su juicio, la raíz de la degradación moral de la sociedad, el peligro del fracaso de las  democracias y la posibilidad de volver a vivir los totalitarismos y el nazismo de los años 30 del siglo pasado.

       Este forma de gestionar el pluralismo religioso se caracteriza por reducir lo múltiple a lo uno, negar la diversidad, defender la existencia de una única religión verdadera, de una única moral, un único culto, un solo Dios, universal, hacer proselitismo bajo la  palabra de “evangelización”, “islamización”, “judaización” y la de la libertad, considerar falsas las demás religiones, prohibir sus espacios religiosos, su culto, sus expresiones públicas y perseguirlas.

Para ello, antes se las etiqueta y descalifica, como veíamos antes: islam se considera una religión anticuada y en guerra con Occidente; los protestantes son hermanos separados que tienen que volver al redil; los judíos, usureros; los Testigos de Jehová, una secta (Anécdota de este año a comienzo de curso en la Carlos III en un curso sobre “Las religiones en el mundo contemporáneo”. Al termina de presentar el programa de la signatura una alumna pregunta: “Profesor, los Testigos de Jehová son una secta”. Respuesta mía: prefiero no utilizar la palabra secta de manera generalizada y hablar de nuevos movimientos religiosos, y ahí incluyo a los Testigos de Jehová. Apenas terminaba de responder a la estudiante, pide la palabra un señor mayor que estaba en la primera fila para decir. “Soy testigo de Jehová. Con mucho gusto aclaro las dudas que tengan sobre esta religión. Para mis adentros pensé: menos mal que no le he dicho a la estudiante que eran una secta, porque el señor perteneciente a esa religión, me hubiera denunciado al rector con toda razón).

 Este modo de gestionar el pluralismo religioso desemboca en intolerancia, desprecio, discriminación, exclusión, incluso agresión física al diferente por etnia, orientación sexual, religión, procedencia geográfica, cultura, género; racismo, xenofobia, islamofobia, cristianofobia, antisemitismo, fundamentalismos (de distinto tipo: religioso, político, económico, científico, patriarcal, cultural).

Los diferentes fundamentalismos tienen en común una serie de elementos que enseguida los hacen reconocibles: absolutización de lo relativo, que desemboca en idolatría; universalización de lo local, que desemboca en imperialismo; generalización de lo particular, que desemboca en pseudo-ciencia; elevación de lo que es opinable a la categoría de dogma, que desemboca en dogmatismo; simplificación de lo complejo, a través del género literario del catecismo de preguntas y respuestas elementales; eternización de la temporal, que desemboca en teología perenne; reducción de lo múltiple y plural a uno y uniforme, que desemboca en verdad única, sacralización de lo profano.

     ¿Es el fundamentalismo una actitud minoritaria y residual? Yo creo que está más extendido de lo que parece: en no pocos países de mayoría musulmana, en algunos países democráticos, que privilegian a unas religiones y discriminan a otras. El fundamentalismo esté localizado en grupos extremistas más o menos reconocidos o reconocibles. Pero lo más grave y preocupante es que se encuentra instalado en la cúpula de las distintas instituciones, y muy especialmente de las religiosas. Se dirá que las comunidades religiosas también son fanáticas y fundamentalistas. Y es verdad, pero la mayoría de las veces se trata de fanatismos y fundamentalismos inducidos por los líderes religiosos.               

Hoy estamos asistiendo a un avance de los fundamentalismos en todos los terrenos, en todas las religiones y en sus diferentes campos (fundamentalismo católico-romano, dogmático, moral, bíblico, evangelista, coránico, búdico, hindú,  etc.). Hasta tal punto que el propio Dios está pensando abandonar el mundo de las religiones.  Lo reflejaba muy bien un ingenioso chiste de El Roto, en el que aparece el Dios anciano con barba blanca dentro de un triángulo diciendo: “He decidido darme de baja de todas las religiones”.

El papado en el catolicismo es la institución fundamentalista por excelencia, que carece fundamento bíblico y teológico, y, por supuesto, no es de institución divina. Y el Vaticano es unas de las encarnaciones más patológicas del catolicismo en la historia. 

6.                  Coexistencia (no tan pacífica)

Otra forma de gestionar el pluralismo religioso es la coexistencia, que se caracteriza por el reconocimiento y el respeto de la diversidad, así como por la libertad religiosa a nivel personal y colectivo, y por la autonomía e independencia de las religiones.

            Sin embargo, en este modelo no hay relación, comunicación entre unas religiones y otras, sino un muro de separación, un desconocimiento mutuo, e incluso, con frecuencia, desdén e indiferencia. Hay tolerancia, sí, como actitud pasiva, como simple permisividad, como soportar, aguantar, pero no espacios de diálogo, de encuentro. ¿Resultado? La creación de ghettos religiosos, que pueden desembocar en discriminación de los colectivos religiosos minoritarios.    

7.                  Diálogo interreligioso

            Es la tercera actitud y, a mi juicio, la forma más adecuada de gestionar el pluralismo religioso para que no desemboque en conflicto, enfrentamiento o guerra de religiones, la más civilizada y la más conforme con el espíritu pacífico de las religiones, la más acorde con la mayoría de los textos sagrados y la mejor respuesta para superar el fundamentalismo. El diálogo interreligioso no se queda en la coexistencia sino que da un paso más: la convivencia, la comunicación fluida, la relación simétrica, la interacción de las religiones. Tal actitud implica:

            . La no jerarquización apriorística ni la tipificación interesada de las religiones: en grandes y pequeñas, universales y locales, iglesias y sectas. La jerarquización supone  una toma de postura previa en favor de unas religiones y en contra de otras.

            . La consideración de todas las religiones como caminos de salvación y, a veces, de perdición, y el reconocimiento de la verdad y, también de la falsedad que hay en todas las religiones.

            . El reconocimiento de los profetas, fundadores,  reformadores de las distintas religiones como ejemplos de espiritualidad y eticidad y testigos  de la opción por los pobres y de la trascendencia en la historia.

. La valoración de las religiones no en función de afinidades confesionales, sino de criterios objetivos, preferentemente éticos.

. El conocimiento mutuo: no hay diálogo sin conocimiento del otro, de los otros, de su mundo cultural y religioso, y sin estudio y profundización sobre la historia, las motivaciones y experiencias de quienes piensan, viven y creen de distinta manera que yo.

. No buscar la unanimidad, la uniformidad en la doctrina, en la ética, en el culto, en la imagen y representación de Dios, sino respetar y potenciar las diferencias, sin desembocar en desigualdad.

. Buscar espacios de diálogo: para la reflexión, la discusión, el análisis, la oración, las iniciativas de solidaridad.

            .Ejercer la crítica de las religiones, de los propios líderes y de sus comportamientos, cuando son poco ejemplares, sin justificarlos apelando al tiempo y al contexto en que vivieron, y menos imitarlos.

7.1. Razones para el diálogo entre las religiones

1.El diálogo forma parte de la estructura del ser humano, que, más que lobo para sus semejantes, como pensara Hobbes, es un ser social. La sociabilidad implica espacios de comunicación, escenarios de encuentro, lugares de diálogo. Por lo mismo, la incomunicación, el desencuentro y el monólogo constituyen la más crasa negación de la sociabilidad y convierten al ser humano en en destructor de sí mismo. La existencia misma del ser humano no se entiende sin referencia al otro, a los otros con quienes comunicarse. Lo expresaba certeramente Desmond Tutu: “yo soy si tú eres”.

El ser moral de la persona implica la alteridad y no se entiende sin la mediación dialógica: La sociabilidad no es un accidente ni una contingencia; es la definición misma de la condición humana, afirma Todorov, quien cita el ensayo de Rousseu Essai sur l’ origine des langues: “Aquel que quiso que el hombre fuera sociable tocó con el dedo el eje del globo y lo inclinó sobre el eje del universo”[4].  

2. El diálogo forma parte, igualmente, de la estructura del conocimiento y de la racionalidad. La razón es dialógica, no autista, intersubjetiva,  no puramente subjetiva. El autismo constituye una de las patologías de la epistemología. Nadie puede afirmar que posee la verdad en exclusiva y en su totalidad. Menos aún decir, remedando al Rey Sol: “La razón soy yo”. El diálogo requiere argumentación, como paso necesario en toda búsqueda y momento vital en el debate, y la argumentación exige exponer las propias razones, pero también  escuchar las razones del otro.

3. El diálogo es una de las claves fundamentales de la hermenéutica. Es la puerta que nos introduce en la comprensión de los acontecimientos y de los textos de otras tradiciones culturales y religiosas o de los acontecimientos y de los textos del pasado de nuestra propia tradición. ¿Qué otra cosa es la hermenéutica sino el diálogo del lector con dichos textos y acontecimientos en busca de significado, de sentido? Gracias a él podemos superar la distancia, a veces abismal, de todo tipo: cronológica, cultural, antropológica, entre los autores y protagonistas de ayer y los lectores de hoy. Sin diálogo con los textos y los acontecimientos, éstos no pasan de ser referentes arqueológicos del pasado u objetos de curiosidad sin significación alguna en y para el presente. La conversación, cree David Tracy, puede funcionar como modelo de toda interpretación. A su vez, la religión constituye la realidad más plural, ambigua e importante, al tiempo que la más difícil y, por ello, la mejor prueba para cualquier teoría de la interpretación[5].

El ser humano vive y actúa, piensa y delibera, comprende y cree, juzga y experimenta, bajo el signo de la interpretación. “Ser humano es actuar reflexivamente, decidir deliberadamente, comprender inteligentemente, experimentar plenamente. Lo sepamos o no, el ser humano es un hábil intérprete[6].

Todo acto de interpretación implica tres realidades: un fenómeno a interpretar, alguna persona que lo interprete y la interacción o dialogo entre ambas. El fenómeno a interpretar puede ser una ley, una acción, un símbolo, un texto, un acontecimiento, una persona. La persona que lo interpreta puede ser individual o colectiva. El diálogo entre ambos es precisamente el acto hermenéutico por excelencia.

4. El diálogo se presenta como alternativa al fundamentalismo y al integrismo cultural o religioso, como antídoto frente a la ideología del “choque” yo el enfrentamiento entre culturas y religiones y frente a toda amenaza totalitaria. La fuerza del diálogo se impone sobre cualquier otro mecanismo de poder, incluido el militar, al que suele recurrirse para imponer modelos políticos y condiciones absolutas a la convivencia[7]

5. A favor del diálogo interreligioso habla la historia de las religiones, que muestra la riqueza simbólica de la humanidad y la pluralidad de manifestaciones de lo sagrado, de lo divino, del misterio en la historia humana, la diversidad de mensajes y de mensajeros no siempre coincidentes y a veces enfrentados, y las múltiples y diferenciadas respuestas a las múltiples preguntas en torno al origen y el futuro del cosmos y de la humanidad, sobre el sentido de la vida y de la muerte. La uniformidad constituye un empobrecimiento del mundo religioso[8].

6. La verdad no se impone por la fuerza de la autoridad, sino que es fruto del acuerdo entre los interlocutores tras una larga y ardua búsqueda, donde se compaginan el consenso y el disenso. Esto es aplicable al conocimiento teológico. Así se ha operado en los momentos estelares del debate doctrinal dentro de la mayoría de las religiones. La metodología dialógica sustituye a la imposición autoritaria de las propias opiniones por decreto y quiebra los estereotipos de lo verdadero y lo falso establecidos por el poder dominante, en este caso por la religión dominante.

Es verdad que esta metodología puede desembocar en rupturas, pero éstas responden muchas veces a las prisas a la hora de tomar decisiones y a la intransigencia de quienes fijan las reglas de juego. En todo caso siempre debe evitarse la injerencia de instancias de poder ajenas al ámbito religioso, lo mismo que la injerencia de lo religioso en la toma de decisiones políticas, sin que ello suponga negar el carácter público de las religiones ni cuestionar la intervención política en los abusos y excesos de las religiones.

Hay que reconocer que en el diálogo interreligioso han sido excluidas, con frecuencia, no poca religiones y movimientos espirituales considerados minoritarios, no representativos, irrelevantes, peor aún, trasnochados, ancestrales, contrarios a la modernidad, anclados en un pasado mítico. Con esos criterios han quedado fuera del diálogo interreligioso las religiones indígenas, acusadas de contrarias al progreso, como si el progreso fuera la ley de la historia, las religiones africanas, acusadas de animistas, los movimientos evangélicos, considerados ideológicamente conservadores y religiosamente integristas.

Dicha exclusión me parece injustificada y opera con estereotipos muy esquemáticos Responde al imperialismo de las llamadas “grandes religiones”, que se convierten en criterio y canon de lo religioso y  dictaminan sobre lo verdad y la falsedad de las religiones. Sin la incorporación de todas las tradiciones religiosas, el diálogo será selectivo, carecerá de representatividad y no reflejará la riqueza del pluriverso religiosos del que hablamos en la primera parte de esta exposición.    

Veamos un ejemplo del esquematismo al que acabo de referirme: los movimientos evangélicos en España, a quienes generalmente se excluye de las mesas de diálogo interreligioso. Según la investigación del sociólogo Domingo Comas Un lugar para la otra vida, son grupos conservadores, que no contemplan los temas de igualdad de género, pero tienen mucho éxito entre las mujeres, a quienes les ofrecen un cierto nivel de dignidad, de supervivencia y de ayuda a los hijos. Bien es verdad que el avance en las condiciones de vida les obliga a aceptar un modelo de relaciones muy tradicional, “muy patriarcal”. “El movimiento está creciendo enormemente y lo hace desde los sectores más pobres y marginales en los que aparecen ciertas carencias. Su estrategia es universal, idéntica en España que en Guatemala o China”. La Iglesia católica los considera herejes y se niega a hablar con ellos, pero, paradójicamente, los sectores laicistas les prestan atención y, a pesar de ser conservadores, los movimientos evangélicos españoles prefieren el voto socialista, “porque lo asocian con la libertad de culto”.   

7. También el enfoque intercultural aboga por el diálogo interreligioso[9]. Ninguna cultura ni religión pueden considerarse n posesión única de la verdad como si se tratara de una propiedad privada recibida en herencia o a través de una operación mercantil. Como tampoco tienen la respuesta única a los problemas de la humanidad o la fuerza liberadora exclusiva para luchar contra las opresiones; la verdad, la respuesta a los problemas humanos y la liberación están presentes en todas las religiones y culturas. ¡Y hay que buscarlas constantemente!

8. El diálogo interreligioso constituye un imperativo ético para la supervivencia de la humanidad,  la paz en el mundo y la lucha contra la pobreza. Veamos por qué. En torno a 5000 millones de seres humanos están vinculados a alguna tradición religiosa y espiritual. Y si se ponen en pie de guerra, el mundo se convertiría en un coloso en llamas con una capacidad destructiva total. Primero, se unirían todos los creyentes para luchar contra los no creyentes hasta su eliminación. Después, se enfrentarían los creyentes de las distintas religiones entre sí hasta su destrucción reeditando las viejas guerras religiosas. 

7.2. Condiciones necesarias para el diálogo interreligioso

1. El diálogo ha de partir de unas relaciones simétricas entre las religiones y de la renuncia a actitudes arrogantes por parte de la religión que está más arraigada o es mayoritaria en un determinado territorio. Las religiones todas son respuestas humanas a la realidad divina que se manifiesta a través de diferentes rostros. Todas ellas forman un “pluralismo unitario”, al tiempo que cada una posee una “singularidad complementaria” abierta a las otras.

2. Las religiones han de dar prioridad a la ética sobre la dogmática. Ésta genera división entre las religiones e incluso crea escisiones dentro de cada religión. La ética, empero, acerca a las religiones y permite llegar a consensos en torno a unos mínimos morales que pueden contribuir a fortalecer la ética cívica. Para ello deben liberarse del asedio del mercado y del allanamiento del pragmatismo imperante a los que se ven sometidas tanto las religiones como la propia ética, según el testimonio antes citado del sociólogo húngaro Zygmunt Bauman[10].

3. Las religiones tienden a rechazar la hermenéutica y a utilizar un lenguaje realista y a desestimar el lenguaje simbólico. Yo creo que han de invertir la tendencia limitando el uso del lenguaje fáctico y potenciar el  lenguaje simbólico, metafórico, utópico, alternativo, que es el más propio de las religiones.

4. La mayoría de las religiones funcionan de manera autoritaria, de arriba abajo y apenas cuentan con cauces de participación de los creyentes en su seno. La voluntad de Dios tiende a  identificarse con la voluntad de sus dirigentes y la  imponen verticalmente a sus miembros,  que se convierten en comparsas. Por eso resulta una exigencia prioritaria la democratización radical de las instituciones religiosas desde sus cimientos. Democratización que ha de empezar por la propia estructura y ha de extenderse a su organización y funcionamiento en todos los campos de su ser y de su quehacer. Para que la democratización sea real y habrá de guiarse por el principio “un creyente, una creyente, un voto”.

5. La democratización debe hacerse desde la perspectiva de género, ya que la exclusión de la mujer del mundo de lo sagrado es práctica común en la mayoría de las religiones, por no decir en todas. Una democratización sin reconocimiento de las igualdad de derechos y deberes para hombres y mujeres; una democratización sin el acceso de las mujeres a los espacios de responsabilidad y a los ámbitos de dirección es una contradictio in terminis. Las mujeres en las religiones han de pasar de la mayoría silenciada y silenciosa a sujetos sociales, políticos, religiosos, morales y teológicos.

6. Un ejercicio muy sano de reforma es ejercer la autocrítica en el seno de cada religión y acoger la crítica que viene de fuera. Y junto a la crítica y la autocrítica, el mutuo aprendizaje de unas religiones de otras. Ninguna religión tiene toda la verdad, ni toda la moralidad, ni toda la sacudiría, ni toda bondad.

7. Las religiones están llamadas a humanizarse, siguiendo la máxima de Terencio “nada humano me es ajeno”. Debe recuperar la  entraña humanista de Dios, de los dioses. “Humano como Cristo, sólo Dios”, decía el teólogo cristiano Leonardo Boff. Expresión que puede aplicarse a los dioses de las distintas religiones. El amor a Dios lleva derechamente al amor al prójimo: ambos son inseparables.

8. Exigencia fundamental es la recuperación de la mística, núcleo fundamental y elemento común a todas las religiones, lugar de convergencia y de encuentro. La mística constituye la verdadera alternativa a los fundamentalismos y su auténtica superación. Para ello es necesario eliminar los estereotipos que existen sobre los místicos considerados personas pasivas y ajenas al mundo. Con la historia en la mano, se puede comprobar que los místicos de todas las religiones fueron personas críticas del poder, rebeldes frente al orden establecido y comprometidas con la reforma de las instituciones tanto religiosas como políticas y sociales[11].

9. El estudio de las religiones no comienza y termina con la reflexión teológica. La teología es, ciertamente, una disciplina que se ocupa del hecho religioso y es una forma de acceso necesaria e importante de acceso al conocimiento de las religiones. Pero a esta disciplina habría que aplicarle lo que dijera Nietzsche de la religión: que es demasiado seria para dejarla en manos de los clérigos. Por lo mismo la seriedad del estudio de las religiones exige que no lo dejemos en manos sólo de los teólogos. Hay que recurrir a otras disciplinas de probado rigor en dicho estudio: historia de las religiones, geografía de las religiones,  sociología de la religión, psicología de la religión, fenomenología de la religión, antropología religiosa, etnohistoria, ecología de la religión, etc.  

10. Una última condición, para evitar la endogamia religiosa, es el diálogo de las religiones con la sociedad civil de la que forman parte, y con las organizaciones que la forman, especialmente con los movimientos sociales, los movimientos alterglobalizadores. Es con ellos, y no con el poder, con quienes las religiones tienen que establecer lazos de comunicación permanente y buscar lugares de encentro. Uno de los lugares privilegiados para ese diálogo y encuentro son los Foros Sociales en sus diferentes niveles: mundial, continental, regional, local. Las experiencias en este terreno son muy positivas y están dando excelentes resultados.

7.3. Diálogo interreligioso, ¿para qué?

1. A diferencia de las actitudes fundamentalistas, el diálogo interreligioso no pretende vencer y derrotar o convencer y obligar a cambiar de opinión al interlocutor, ni siquiera convertir, como tampoco  evangelizar, islamizar, judaizar, budizar o hinduizar. Tampoco llegar a síntesis irénicas, aunque sí crear un lenguaje compartido para poder entenderse. No busca elaborar grandes teorías universalistas o  superestructura culturales, sino de favorecer relaciones y entendimientos mutuos, donde todos tengan cabida y puedan participar en pie de igualdad. El escenario del diálogo puede proporcionar un proceso de mutuo aprendizaje.

2.  La búsqueda de la (v)Verdad –con mayúscula y con minúscula- es la gran tarea y el gran desafío del diálogo interreligioso. Y ello a sabiendas de que nunca llegaremos a poseerla del todo y de que sólo lograremos aproximarnos a ella. El carácter inagotable de la Verdad –con mayúscula- nos disuade de todo intento de apresarla en fórmulas rígidas y estereotipadas. La profundidad de la verdad –con minúscula- nos disuade de creer que hemos llegado al fondo.

3. Las religiones no pueden recluirse en su propio mundo, en la esfera de la privacidad y del culto, como si los problemas de la humanidad no fueran con ellas. Todo lo contrario, han de activar sus mejores tradiciones para contribuir a la construcción de una sociedad intercultural, interreligiosa, interétnica, justa, fraterna y sororal.

4. El diálogo entre religiones no puede convertirse en una tertulia de café o en una conversación de sobremesa,  tras una opípara comida. Tampoco tiene como objetivos ponerse de acuerdo en torno a lo que es religión, ni hacer un retrato robot de Dios, ni consensuar los dogmas, ni unificar el culto. La motivación tiene que ser fundamentalmente ética. Lo que exige activar y poner en valor los principios morales éticos y las tradiciones religiosas en favor de la paz, el trabajo por un orden internacional justo, la defensa de la tierra, el compromiso por la igualdad de género, la defensa de la diferencia como derecho e intervenir en el debate ético-político desde el lugar de los excluidos[12].

7.4. Dificultades

Cuando empecé a preparar esta conferencia me mostraba más optimista y creía que el terreno estaba suficientemente preparado para el diálogo interreligioso, En la medida en que avanzaba en la investigación, he ido descubriendo dificultades, no digo que insalvables, pero  sí serias y de no fácil solución. Dificultades que hay que tener en cuenta para no frustrarse en cuanto chocamos con ellas. He aquí las que me parecen más importantes.

1. El desconocimiento y, en algunos casos, la ignorancia enciclopédica sobre las religiones, que resulta especialmente grave en España, por la ausencia del estudio de la asignatura de Historia de las Religiones en los diferentes grados y niveles de la enseñanza reglada y por el solo estudio de la religión católica durante siglos, por vía catequética y apologética.  

2. Tan preocupante,  o más, que el desconocimiento, son los estereotipos, los prejuicios y las tergiversaciones, en la mayoría de los casos interesadas o, al menos inducidas desde instancias religiosas oficiales. 

2.  Un papel especial en las dificultades juegan por igual los complejos de superioridad y de inferioridad.

3. Pero la dificultad que me parece mayor, y más difícilmente salvable, es la asimetría en las condiciones de plausibilidad de unas y otras religiones. Asimetría que se traduce en privilegios y legitimación para unas y discriminación y deslegitimación para otras en todos los campos: político, económico, social, cultural, simbólico educativo, etc. Asimetría que se expresa en la división entre religiones ricas y religiones pobres.

Esta asimetría es más acusada en España que en otros países democráticos y en otras sociedades pluralistas, ya que la Iglesia católica goza de un trato de favor y de una protección especial. Es verdad que la Constitución declara que ninguna religión tendrá carácter estatal, pero, de hecho, la Iglesia católica sí tiene ese carácter. Mientras no se elimine esa asimetría, ni se produzca la neutralidad religiosa de los poderes públicos y no se establezcan los principios de igualdad y de libertad religiosa simétrica, el diálogo interreligioso será misión imposible. Y la responsabilidad en esa imposibilidad no será sólo de la Iglesia católica, sino del propio Estado, que no establece las condiciones para la igualdad, y de las religiones minoritarias, que se conforman con algunas migajas, que son calderilla, comparadas con los ingentes apoyos económicos que la religión considerada mayoritaria recibe del Estado          

Conclusión: muchas religiones, muchos pobres. Matrimonio entre la teología de las religiones y la teología de la liberación

            Muchas religiones, muchos pobres, muchos rostros de la pobreza, condicionados todos ellos por la situación económica, agudizados por la democracia liberal, por la economía neoliberal, radicalizados por la dictadura inmisericorde de los mercados. Continentes enteros, regiones, países, sectores sociales sumidos en la pobreza estructural por mor del neoliberalismo: en total, más de dos terceras partes de la humanidad, la mayoría en el Sur, pero sin desconocer las situaciones de pobreza en el Norte rico. Mujeres doble o triplemente oprimidas y discriminadas: por ser mujeres, por ser pobres y por pertenecer a etnias marginadas. Comunidades indígenas sojuzgadas, comunidades negras sometidas a un régimen de apartheid realmente existente.

            Las religiones no pueden pasar de largo ante los diferentes rostros de la pobreza y de los pobres, como el sacerdote y el levita de la parábola evangélica ante la persona malherida, ente las víctimas. Han de mostrar sensibilidad hacia ellas y comprometerse en la lucha contra las causas que las provocan. ¿Cómo?

            . Personalmente viviendo sin ostentación, con austeridad.

. Religiosamente, viviendo la espiritualidad de la pobreza y del desprendimiento.

. Socialmente, comprometiéndose con los movimientos que luchan por otro mundo posible. 

  . Teológicamente, a través de la elaboración de una teología intercultural e interreligiosa de la liberación o, si se prefiere, de una alianza entre la teología de las religiones y la teología de la liberación.

En conclusión, diálogo de culturas, encuentro de religiones y alianza contra la pobreza son necesarios e inseparables. El diálogo de culturas sin diálogo de religiones resulta ineficaz. El diálogo entre religiones sin diálogo entre culturas es una operación religiosamente endogámica. El encuentro de religiones y el diálogo de culturas sin alianza contra la pobreza resulta estéril y no pasa de ser una entretenida charla de sobremesa, que puede desembocar en verborrea.

El niño de los años cincuenta del siglo pasado que, con celo nacionalcatólico, perseguía a los protestantes creía que fuera de la Iglesia católica no había salvación. El teólogo del diálogo interreligioso de la segunda década del siglo XXI está convencido de que sin la convergencia entre el diálogo intercultural, el encuentro de religiones y la alianza contra la pobreza el mundo no tiene salvación.        

 Textos para el diálogo interreligioso

.Ibn al-Arabi (Murcia, 1165-Damasco, 1240), teólogo sufí: “Hubo un tiempo en que yo rechazaba a mi prójimo, si su religión no era como la mía. Ahora mi corazón se ha convertido en el receptáculo de todas las formas: es pradera de las gacelas y claustro de monjes cristianos, templo de ídolos y kaaba de peregrinos, Tablas de la Ley y Pliegos del Corán. Porque profeso la religión del Amor y voy donde quiera que vaya su cabalgadura, pues el amor es mi credo y mi fe”.

. Edward Schillebeeckx (Bruselas, 1914-Nimega, 2009), teólogo católico: “Hay más verdad en todas las religiones que en una sola”

. Swami Vivekananda (Calcuta, 1863-Belur Math, 1902) místico y líder espiritual hindú, uno de los principales paladines del diálogo interreligioso apoyado por Gandhi: “A quien espera que la unidad (de las religiones) se produzca mediante el triunfo de una religión y la destrucción de las otras, le digo: ‘Hermano, la tuya es una esperanza imposible”’. ¿Deseo que un cristiano se convierta en hindú? ¿Deseo que un hindú o un budista se convierta en cristiano? Dios no lo quiera… El cristiano no tiene que convertirse en hindú, ni budista, ni el hindú o budista convertirse en cristiano. Todos deben asimilar el espíritu de los demás y, al mismo tiempo, conservar su individualidad y creer de acuerdo con su propia ley de crecimiento” (Pathways to Joy, Inner Ocean Publishing, Makawaoo, 2003).

. Antonio Machado (Sevilla, 1875-Colliure, Francia, 1939): Tu verdad, No, la verdad,/ y ven conmigo a buscarla./ La tuya, guárdatela”.

Ramin Jahanbegloo (Teherán, 1956), filósofo iraní: “Sin diálogo, la diversidad es inalcanzable; y sin respeto por la diversidad, el diálogo es inútil” Elogio de la diferencia, Arcadia, Madrid, 2007).

Gandhi (Portbandar, 1869-Nueva Delhi, 1948): “Ninguna cultura puede vivir si intenta ser exclusiva”

Raimon Panikkar (Barcelona, 1918-Tavertet, 2010), teólogo interreligioso: “Sin diálogo el ser humano se asfixia y las religiones se anquilosan”. “Marché (de Europa a India) cristiano, me descubrí a mí mismo hindú y volví buddhista, sin haber dejado de ser cristiano”. En otros textos Panikkar hablar de los cuatro ríos que confluyen en su persona: el cristiano, el hindú, el bhuddista y el secular.

Dalai Lama (1935)  en el discurso pronunciado a septiembre de 1997 en el Foro 2000 en Praga: “Siempre habrá en las sociedades humanas diferencias de opiniones y de intereses, pero la realidad hoy es que todos somos interdependientes y tenemos que coexistir en este pequeño plantea. Por lo tanto, la única forma sensata e inteligente de resolver las diferencias y los choques de intereses, ya sea entre individuos o entre países, es mediante el diálogo. La promoción de una cultura del diálogo y de la no violencia para el futuro de la humanidad es una importante tarea de la comunidad internacional”.

Ramon Llull (1233-1315): Su Diálogo entre el gentil y los tres sabios[13] es uno de los ejemplos más luminosos de diálogo interreligioso e inter-espiritualidad entre las religiones monoteístas, que debería extenderse al conjunto de las religiones. Un gentil que no conocía a Dios, ni creía en la resurrección, ni que hubiera nada después de su muerte, vivía en un permanente estado de insatisfacción. A cada paso sus ojos se llenaban lágrimas y su corazón de tristeza. Salió de su tierra y fue a un bosque solitario en busca de la verdad. El gentil se encontró con tres sabios, un judío, un cristiano y un musulmán, quienes le fueron demostrando la existencia la existencia de Dios y su relación con las criaturas, y le expusieron lo peculiar y  distintivo de cada religión. Llull describe las leyes de cada una de las religiones con gran erudición. Previamente se habían fijado las condiciones a tener en cuenta en el diálogo, compartidas por las tres religiones. Tras escuchar los argumentos de los tres interlocutores, el gentil pudo constatar que cada religión posee sus propias leyes, pero tenía que tomar una decisión sobre la religión a abrazar. El gentil dirigió una oración de adoración y de acción de gracias a Dios en actitud reverente. Cuando terminó de rezar  se lavó las manos y la cara en una fuente que había allí y dijo a los tres sabios: “En este lugar donde tanta buenaventura, felicidad me ha sido dada, quiero, en presencia de vosotros, elegir aquella ley, ley que me es significada como verdadera, por la gracia de Dios y por las palabras que vosotros me habéis dicho. En esta ley, quiero estar, y por ella quiero trabajar todos los días de mi vida” (p. 268). Los tres sabios bendijeron al gentil y éste a los tres sabios. Se abrazaron, besaron y lloraron de alegría juntos. Antes de que los tres sabios partieran de allí, el gentil se maravilló por que no le preguntaran qué ley elegiría. Los tres sabios respondieron que, cualquiera fuere la opinión de cada uno, no querían saber qué ley había abrazado. Si hubieran conocido la elección del gentil se habría dado por terminado el diálogo entre las tres religiones. La actitud del gentil abre el camino también al diálogo con los no creyentes, y no sólo al interreligioso. Antes de despedirse y de partir cada uno para su lugar de residencia, los tres sabios se pidieron perdón y acordaron seguir dialogando.

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[1] Le Monde des Religions” 49 (septiembre-diciembre 2011).

[2] Cf. Jurgen Habermas, Charles Taylor, Judith Butler, Cornel West, El poder de la religión en la esfera pública, Trotta, Madrid, 2011.

[3] Cf. Bernabé López García, Ángeles Ramírez Fernández, Eva Herrero Galiano, Said Kirhlani, Mariana Tello Weiss, Arraigados. Minorías religiosas en la Comunidad de Madrid, Icaraia y Pluralismo y Convivencia, Barcelona, 2007.

[4] Tzvetan Todorov, Vida en común, Taurus, Madrid, 2008, p. 33.

[5] Cf. David Tracy, Pluralidad y ambigüedad. Hermenéutica, religión, esperanza, Trotta, Madrid, 1997.

[6] Ibid., p. 23-24, subrayado mío.

[7] Cf. Juan José Tamayo, Fundamentalismos y diálogo entre religiones, Trotta, Madrid, 2009, 2ª edición; Juan José Tamayo y María José Fariñas, Culturas y religiones en diálogo, Síntesis, Madrid, 2007.

[8] Cf. Giovanni Filoramo, Marcello Massenzio, Massimo Taveri y Paolo Scarpi, Historia de las religiones, Crítica, Barcelona, 2000; id., Enciclopedia de las religiones, Akal, Madrid, 2001.

[9] Cf. Raúl Fornet-Betancourt, Transformación intercultural de la filosofía, Desclée de Brouwer, Bilbao, 2001.

[10] Cf. Zygmunt Bauman, La sociedad individualizada, Cátedra, Madrid, 2001, pp. 204 ss. Cf.  La cultura como praxis, Paidós, Barcelona, 2002; id., La sociedad sitiada, Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 2004.

[11] Cf. Juan José Tamayo, “La mística, superación del fundamentalismo” en Francisco Javier Sánchez Rodríguez (ed.), Mística y sociedad en diálogo, Trotta, Madrid, 2006, pp. 155-180.

[12] Cf. Hans Küng, Proyecto de ética mundial, Trotta, Madrid, 1990.

[13] “El llibre del gentil e dels tres savis”, en Obres selectes de Ramon Llul (132-1316), edición, introducción y notas de Antoni Bonner, Editorial Moll, Mallorca, 1989, pp. 89-272.

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